Me preguntas por qué no tuve hijos

Me preguntas por qué no tuve hijos; a mi edad que necesariamente habrás calculado que ya no es una posibilidad. Ahí la pregunta soltada de talente impensado pero obviamente calculado. Después de veinte años no creo que quieras saberlo de verdad y quisiera aprovechar los minutos ya que seguramente serán veinte años más antes de que te vuelva a ver. Largo una excusa endeble y asientas, confirmando que este encuentro ha sido un error. No sé porqué me habré torturado de esta manera y empiezo a contar atrás los minutos que faltan para que te vayas.

Porque fuiste capaz de dejarme llorando desplomada en la acera de recoletos a las dos de la tarde un día soleado mientras pasaban los turistas para entrar en el Prado. Porque al volver al trabajo después de cotillear lo suyo me mandaron a casa y en el autobús de vuelta fui el espectáculo del día para las marujas volviendo de la compra. Porque el vacío que sentí cuando semanas más tarde dejé de llorar – porque vino mi padre para sacarme de la cama y me obligó a acompañarle a todos lados pues temía dejarme sola – era tal que nunca más logré llenarlo con nada. Porque después de meses cuando empezaba a parecer una persona normal e iba y venía sin vigilancia volviste para echar sal en la llaga. Estando dentro de mí hundiste en mi corazón una navaja de hielo preguntándome si fingía. Y con eso supe que no merecía la pena buscar ni querer nada pues si al que le había entregado todo lo que era lo apreciara o entendiera tan poco para qué volver a intentarlo. Para remate pasado unos años me buscaste para tratarme como manceba cuando te cansabas de la mujer por la que me dejaste, pero al menos ese día tuve la cordura de no dejarte hacer. Porque tú elegiste compartir tu vida con otra persona y compartir los años con alguien ajena a cualquier cosa yo te hubiese ofrecido.

Porque no volví a encontrarle atractivo en nadie mas más allá de lo físico y después de un tiempo eso también dejé de encontrarlo pues sus mentes no me decían en absoluto nada. Me cansaba descubrir sus ideologías podridas y tener que despejar repetidamente todos los prejuicios típicos de estrechez de miras. No es que no confiara, sino me di cuenta que no quisiera contarles nada. No me trataban con tu mezquindad pero no valían el esfuerzo. Y así me quedé sola ni siquiera en Madrid sino en un país completamente extranjero muriéndome de hambre y trabajando una media de ochenta horas semanales para llegar al fin de mes y entonces ya; aunque hubiera vuelto a tener interés no habría sido jamás posible. Cuando los británicos me preguntan cómo es posible que una persona como yo nunca se haya casado les digo que fui dejada en el mismísimo altar con 25 años y con eso se callan; pues en su cultura es inimaginable tal crueldad hasta el punto que lo consideran algo de películas que no pasa en la vida real.

Y pasan cincuenta minutos y para despedirnos me abrazas pero perfectamente sé que nunca me quisiste y poco te importé ya que pasaste el rato soltándome comentarios que revelaron no me habías escuchado nunca. Uno de muchos que nunca destrabó las monomanías, por lo que no me arrepiento de ahorrarme la explicación pues no la habrías oído.

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