3º, 6º, 9º e último

Fuiste el tercero que significó algo, el tercero que me rompió el corazón. Fuiste el sexto y noveno por orden físico y el último por lo que ya sabes, o por si sigues deseando creer que no lo sabes lo vuelvo a explicar. Como no me ha dado en absoluto tiempo a darle vueltas después de una semana rehén del bronquitis; ya que no tengo para nada una mente inquieta (y ésta con los efectos amplificados por la vuelta del putísimo silencio de antes de años exiliada) y también porque este tema me toca muy de lado ya habiendo transcurrido tantísimo tiempo, pues he decidido sacarlo por aquí. También porque sé que esto te sería demasiado embarazoso escucharlo de mi boca mientras te mirara. Escucha lo que quieras, interpreta como te dé la gana. Y no es para que te sientas incómodo sino simplemente para explicarte mi punto de vista ya que está claro que no lo concibes o no te encaja o quizás lo intuyes pero no quisieras pensarlo.

Que nuestras ideas de qué es el amor no coinciden no había que recalcarlo. El que digas que no me cuentas tu vida con tu amor por no querer que me sienta incómoda me revela que para ti sí que deberá ser difícil. Es como el bulo de que la gente cruza y vuelve a las vidas de los demás por el efecto mariposa – que poco tiene que ver cuando hablas con una persona a quien esquivaste a conciencia como de la peste negra cuando quisiste pero asimismo buscaste determinadamente en cuatro épocas distintas de la vida. ¿Y por qué esquivarla con tal vehemencia si no sentías ni querías nada? ¿O es que ella te parecía demasiada loca como para conversar razonablemente? Que yo de acosadores sé un rato laaargo y me parece que jamás te forcé a nada. Porque por tus cojones lo decidiste que eso te convenía – que nunca entenderé porque jamás te explicaste con coherencia a pesar de ser quasisuperdotado en hacer que se te comprenda – y en esto te pareces tanto a tantísimos viejos que por no examinar demasiado sus propias motivaciones exigen que las cosas sean como manden porque lo mandan y punto. Pero para nada me sorprende nada de esto a estas alturas. Ya supe hace años que elegiste a otra para todas esas cosas que decidiste no querías conmigo. No podré saber ni imaginar qué se ve en una persona que a mí me ha dado repetidas veces tan pésima impresión, pero acepto porque lo dices que es la amor de tu vida. Como si el hecho de que la convenciste – porque digas lo que digas sé que la tuviste que convencer – para que tuviera lo que en mí no soportabas imaginar no fuera ya suficiente prueba. Precisamente eso – que quisieras eso con ella tanto para convencerla – es todo lo que me hubiera hecho falta saber jamás. Pero también soy consciente que el roce de años hubiera hecho “cariño” por muy mal que te cayera al principio – que sé que no es el caso es sólo para aclarar.

La gracia es que pretendes obviar tantísimas cosas. No recordaras un día que te empeñabas en que te dijera que sí – que no eres nada pesado cuando te empeñas en algo – y te dije que si de veras querías casarte allí mismo hacíamos un pacto entre los dos. Y lo hicimos. O al menos yo lo hice. No lo hice ligeramente porque antes de conocerte otros ya me habían roto. Y tú me hiciste creer en algo que iba más allá de lo que había imaginado posible. Y como no lo había contemplado como posibilidad en mi vida al hacerlo lo hice de pleno. Y ahora te oigo soltar de manera impensado que uno sólo se casa una vez. Claro, eso pensaba yo. Y lo pienso. Yo sí sólo lo hice una vez y suficiente. Pero cómo no saberlo si te escribí cada uno de los 365 días seguidos por si acaso. Las tarjetas y cartas que luego me dijiste habías reglado por el pueblo porque te estorbaban. Que ahora me dices que no hiciste eso, cómo ibas a hacer eso. ¿Y yo que podría saber aparte de lo que me mostraras que era un desprecio infinito?

Y tampoco te acordaras del día que estuvimos en los lagos – viendo las libélulas – hablando de tu idea de vivir en algún lugar recóndito. Y me hace gracia el empeño que das en Facebook sobre las mujeres que entrenan y escalan ya que cuando yo lo hacía no te gustaba – pero aun así yo lo hacía en la medida de lo posible. Por cierto también salté de aviones, hice puenting, etc… en la medida de lo posible para una foránea en un mundo dominado por hippies y chulos reacios de la compañía de una que se aseaba demasiado y hablaba con claridad.

De gigantesca risa es que imaginaras que me había liado con otro(s) – que por cierto no supe hasta este año porque ni te dignaste en comentármelo entonces – después de haberme comprometido. ¿Sabías que fui la hazme reír de la facultad por serle fiel a uno que me confesó que había estado con otras? Creo que sí lo has oído aunque no de mí. Que es ese hecho sino una prueba más de donde está tu fidelidad.

Pero supongo que lo que más daño hizo – después de lo que ya no hay más que hablar porque sigue siendo cierto que sólo rozar pensar en ello me hunde – fuera que pensaras que no me conociera a mí misma lo suficiente como para saber bien lo que quería. Que pensaras saber mejor que yo misma lo que me convenía (en lo que de nuevo te pareces a los viejos que tienen razón porque lo dicen ellos). A lo mejor es precisamente porque las mujeres maduran antes que supe a los 25 lo que quería. A lo mejor porque había tragado ya muchos años de cosas que NO quería seguir soportando. El caso es que no tuve lo que quise ni quise lo que tuve después.

De hombres – que fueron muchos (pero muuuchos menos seguramente que la cifra de triple dígitos que imagino tu alcanzaste) – tampoco encontré de nuevo nada que se acercara a lo que quería. Y aquí la diferencia entre los conceptos de amor. No creo que el amor se decida y luego se sufra lo que sea porque así se decidió. Es una emoción un sentimiento una pasión – de las que no quieres hablar – que no soy capaz de fingir ni de forzar. De eso que dices que confundes qué es lo físico y qué es lo “puro”. Pero entonces me estás diciendo que piensas que sólo era sexo cuando hace poco te empeñabas en que no era sólo eso; sin embargo sí pienso que no es posible extirpar una cosa de la otra si el sentimiento es vero.

Y por eso te digo que eres pesado cuando quieras empujarme a buscar otro. El sonsonete de que he de buscar con quien calentar la cama. No cedí en su día por la fuerza de tu pesadez, sino porque quería. Sabiendo que tú has deseado otra más que lo que pudieras a mí no cambia lo que yo pudiera sentir. Además antes y después de ti he conocido jilipollas, sanguijuelas, acosadores, violadores, malnacidos, aprovechados y me harté. También muchos muchos tipos cargantes y que me aburrían, unos amigos que no convenían como pareja (porque para mí el simple roce NO hace “cariño”). Ninguno con quien mereciera la pena conversar abiertamente o de veras y con quien también meterme en líos inextricables. Ninguno con quien compartiera visión de vida. Para mi resulta que no fue un tópico de cine lo de enamorarse sólo una vez de veras. Y al haberlo destruido haber destrozado la misma idea.

Y todo esto ya te lo conté hace meses pero parece que no lo quisiste asimilar. Para mí las personas no son reemplazables. Hay mucha muchedumbre pero sólo algunos pocos excelentes, interesantes y atrayentes. Y de esos compatibles… Y no te lo digo porque no lo sepas pero para que entiendas que lo mismo que para ti no lo son tampoco lo son para mí. Crees que no soy capaz de comprenderlo pero es demuestra que me subestimas y subestimas el mismo verbo amar. O que no compartes la misma definición que yo.
Y por eso hace muchos años solté muchas ideas y dejé de desear muchas cosas en la vida. Porque la vida demoledora me demostró veces repetidas que nunca conseguiría nada de ello. Querer y desear no son iguales a conseguir ni consagrar. El cuento de las vibraciones y el optimismo para los ilusos que creen en misticismo, que soy atea y creo en los hechos y lo contrastable.

Y por eso mismo las cosas buenas que me puedan pasar son un regalo. Tendría que haber muerto a los 33, los 39, los 40… Porque la vida a diaria para mí es una monotonía solitaria sin fin que sólo se alivia en años recientes por montar y pasear al perro (que también te lo conté hace meses y no lo quisiste comprender o asimilar). Por eso te decía que sabía perfectamente que el día que se te cruzaran los cables sería apaga y vámonos y aun así mientras durara sería feliz y lo he sido. Y con la misma vehemencia que al principio me atosigabas a todas horas, ahora te has retirado. Amalaya entendieras cuan fracasada cruzada es la de empujarme hacía elprimeroquesemecruzara, pero para entenderlo tendrías que comprender que supe quién era yo y lo que quería ya hace más de media vida. A lo mejor ha sido al darte cuenta que tu campaña no tendrá éxito que esa incomodidad que sentías acrecentaba.

Y lo único que puedo decirte para que te tranquilices es que no esperaba nada de ti, no he esperado nada de ti en 15 años, ni esperaba volver a saber de ti antes de morir. ¿Qué iba a poder esperar de alguien que había sido capaz de tratarme de semejante manera? Que no es para reprochar sino porque si te pusieras alguna vez en mi lugar comprenderías perfectamente porque lo sentía y porque lo pensaba.

Ojalá pudieras estar en paz con todo esto y que siguiéramos disfrutando unos ratos – al menos para mí – felices. Ojalá no tuvieras que quedarte callado para tener la conciencia tranquila porque la incomunicación después de alivio breve es estruendosa. Y dirás que no, que simplemente has estado superhiperrequeteocupadííísimo, pero olvidas que de veras te conozco a pesar de no rozarte a diario.

Acariciar Manosear Palpar Tocar Besar Lamer Restregar Frotar Cosquillear Deslizar Manipular
Relacionarse Tratarse Verse

Me preguntas por qué no tuve hijos

Me preguntas por qué no tuve hijos; a mi edad que necesariamente habrás calculado que ya no es una posibilidad. Ahí la pregunta soltada de talente impensado pero obviamente calculado. Después de veinte años no creo que quieras saberlo de verdad y quisiera aprovechar los minutos ya que seguramente serán veinte años más antes de que te vuelva a ver. Largo una excusa endeble y asientas, confirmando que este encuentro ha sido un error. No sé porqué me habré torturado de esta manera y empiezo a contar atrás los minutos que faltan para que te vayas.

Porque fuiste capaz de dejarme llorando desplomada en la acera de recoletos a las dos de la tarde un día soleado mientras pasaban los turistas para entrar en el Prado. Porque al volver al trabajo después de cotillear lo suyo me mandaron a casa y en el autobús de vuelta fui el espectáculo del día para las marujas volviendo de la compra. Porque el vacío que sentí cuando semanas más tarde dejé de llorar – porque vino mi padre para sacarme de la cama y me obligó a acompañarle a todos lados pues temía dejarme sola – era tal que nunca más logré llenarlo con nada. Porque después de meses cuando empezaba a parecer una persona normal e iba y venía sin vigilancia volviste para echar sal en la llaga. Estando dentro de mí hundiste en mi corazón una navaja de hielo preguntándome si fingía. Y con eso supe que no merecía la pena buscar ni querer nada pues si al que le había entregado todo lo que era lo apreciara o entendiera tan poco para qué volver a intentarlo. Para remate pasado unos años me buscaste para tratarme como manceba cuando te cansabas de la mujer por la que me dejaste, pero al menos ese día tuve la cordura de no dejarte hacer. Porque tú elegiste compartir tu vida con otra persona y compartir los años con alguien ajena a cualquier cosa yo te hubiese ofrecido.

Porque no volví a encontrarle atractivo en nadie mas más allá de lo físico y después de un tiempo eso también dejé de encontrarlo pues sus mentes no me decían en absoluto nada. Me cansaba descubrir sus ideologías podridas y tener que despejar repetidamente todos los prejuicios típicos de estrechez de miras. No es que no confiara, sino me di cuenta que no quisiera contarles nada. No me trataban con tu mezquindad pero no valían el esfuerzo. Y así me quedé sola ni siquiera en Madrid sino en un país completamente extranjero muriéndome de hambre y trabajando una media de ochenta horas semanales para llegar al fin de mes y entonces ya; aunque hubiera vuelto a tener interés no habría sido jamás posible. Cuando los británicos me preguntan cómo es posible que una persona como yo nunca se haya casado les digo que fui dejada en el mismísimo altar con 25 años y con eso se callan; pues en su cultura es inimaginable tal crueldad hasta el punto que lo consideran algo de películas que no pasa en la vida real.

Y pasan cincuenta minutos y para despedirnos me abrazas pero perfectamente sé que nunca me quisiste y poco te importé ya que pasaste el rato soltándome comentarios que revelaron no me habías escuchado nunca. Uno de muchos que nunca destrabó las monomanías, por lo que no me arrepiento de ahorrarme la explicación pues no la habrías oído.